En el siglo II: la Pascua

313 Al segle II la Pasqua

La Pascua judía, durante la que murió Jesús, se celebra cada año el día de la primera luna llena de la primavera, y es la conmemoración anual del gran acontecimiento de la historia de Israel: cuando el pueblo, guiado por Moisés, se liberó de la esclavitud del Faraón. Israel vio en aquella liberación la acción salvadora de Dios, y desde entonces la conmemoró cada año con la celebración de la cena pascual, como agradecimiento a Dios y reafirmación del deseo de fidelidad a la alianza.

Al principio del siglo II, en algunas comunidades cristianas, se empezó a sentir la necesidad de celebrar, en los mismos días de la Pascua judía, el aniversario anual de la muerte y la resurrección de Jesús, que, además, empezó a ser vista como la realización plena de la liberación de la esclavitud que la Pascua judía conmemoraba. Y así nació la Vigilia Pascual, que poco a poco fue extendiéndose por toda la Iglesia. En Roma, esta celebración no empezó a hacerse hasta la segunda mitad de ese siglo. Sin embargo, en aquellos tiempos iniciales, hubo una fuerte discusión sobre cuándo debía celebrarse la fiesta: mientras que las Iglesias de Asia defendían que la Pascua debía celebrarse el mismo día de la Pascua judía, es decir, el día de la primera luna llena de la primavera, fuera cual fuera el día de la semana en que cayera, las otras Iglesias, entre ellas la de Roma, decían que debía celebrarse siempre en domingo, y la celebraban, por tanto, el domingo siguiente a esa primera luna llena; esta segunda posición es la que finalmente se impuso, y así ha perdurado hasta nuestros días.

La celebración pascual consistía, en aquellos primeros tiempos, en dos días (o a veces más) de ayuno total, que expresaban la unión con Jesús muerto y sepultado, y que conducían a una vigilia que se celebraba la noche del sábado al domingo, con oraciones, salmos, lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, y finalmente la Eucaristía y una comida fraterna. Más adelante, sobre todo a partir del momento en el que el emperador Constantino da la libertad a la Iglesia el año 313, la noche de Pascua será también el gran momento en el que recibirán el Bautismo todos los que quieran ser cristianos y se hayan preparado adecuadamente; y un poco más tarde, también se introducirá el rito inicial de la luz.

Aunque pueda resultar sorprendente, en aquellas épocas iniciales no hay celebración propia de la muerte de Jesús: esta muerte se recuerda mediante el ayuno de preparación de la Vigilia, como hemos dicho; y tampoco no hay celebración de la última cena. Es que, a aquellos primeros cristianos, no les interesaba tanto recordar paso a paso lo que había hecho Jesús, sino revivir el camino de Jesús y lo que significaba para ellos. Para ello les bastaba el gran ayuno que les unía a Jesús muerto y sepultado, y la vigilia de oración, lecturas y Eucaristía que hacía revivir su resurrección. Y por eso también, muy pronto, la celebración de la noche de Pascua se prolongará en un tiempo de cincuenta días, unos días que, según dirán los escritores cristianos Ireneo, a finales del siglo II, o Tertuliano, a principios del siglo III, se han de celebrar como un único día de fiesta, como un gran y prolongado domingo, que se ve como un signo de la plenitud de vida que la resurrección de Jesús ha abierto; durante estos días, no se rezaba nunca arrodillado, y no se podía ayunar. El tiempo de Pascua termina el domingo de Pentecostés (una palabra que viene del griego pentekostós, que significa “quincuagésimo”), un domingo que en aquellas épocas primeras solo es la conclusión del tiempo de Pascua, y no se celebra, como se incorporó después, la fiesta del don del Espíritu Santo.

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