Los cincuenta días de Pascua

311 Els cinquanta dies

El sentido

El tiempo de Pascua es el más importante de todos los tiempos litúrgicos, puesto que celebramos el centro de nuestra fe cristiana, que es la muerte y resurrección de Jesús. Tal como nos dice el número 22 de las Normas sobre el calendario: “Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como ‘un gran domingo’”.

De hecho, la Pascua es la fiesta más antigua que la Iglesia celebra, puesto que empezó a celebrarse el mismo día de la resurrección de Jesús, el domingo. Así pues, domingo tras domingo, la comunidad cristiana celebraba la resurrección de Jesús. Siglos más tarde se empezará a celebrar la solemnidad de la Natividad del Señor (siglo IV) y así se irán constituyendo los tiempos litúrgicos, teniendo como centro de todo el año la solemnidad de la Pascua.

El desarrollo

El tiempo de Pascua tiene su inicio en la noche santísima de la Vigilia Pascual, que ya se considera domingo. El mismo domingo, ya de día, celebramos el domingo de Pascua y, a partir de aquí, se suceden cinco domingos más, denominados segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto. El jueves siguiente al domingo sexto de Pascua se celebraba la fiesta de la Ascensión del Señor, trasladada al domingo porque el jueves no es día festivo; antes el domingo siguiente a la Ascensión en jueves se celebraba el domingo séptimo de Pascua. Finalmente, el domingo siguiente al domingo de la Ascensión celebramos la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo y, con ella, termina el tiempo litúrgico de Pascua.

Además hay unos elementos externos que deben tenerse en cuenta en este tiempo litúrgico de Pascua: en primer lugar, la presencia del cirio pascual, entronizado la noche santísima de la Vigilia Pascual, con el fuego nuevo bendecido. El cirio pascual es el signo de la luz de Cristo, muerto y resucitado. Otro elemento importante es la presencia de flores y luces, así como el color blanco de los ornamentos, que simbolizan la luz de la nueva vida que Cristo nos ha inaugurado con su muerte y su resurrección.

En la vida cristiana

La Pascua debe tener en nosotros una repercusión para nuestra vida cristiana. Celebramos que la vida ha vencido a la muerte, que todo renace, que florece nueva vida, la nueva vida que Jesús nos da. Y esto debe notarse en nuestra vida, viviéndola con alegría, renovando nuestro compromiso bautismal, creciendo en la fe, en la esperanza y en la caridad cristianas, a pesar de las dificultades y los problemas que podamos tener.

Debemos tomar conciencia que somos un pueblo de salvados y redimidos y, en consecuencia, debemos anunciar esta vida nueva que Jesús nos da a nuestros hermanos y hermanas y a los que no conocen a Dios. Es, en definitiva, amar como Cristo nos ha amado, vivir la vida que Jesús nos ha enseñado, una vida de amor, de paz, de perdón…

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