Las lecturas de los domingos de Adviento

322 Lectures d'advent

Ciclo A

Las primeras lecturas de este ciclo son del profeta Isaías que, con su tono poético nos habla de la venida de un Mesías que nos traerá la paz y nos anima a caminar a la luz del Señor (primer domingo), que esta paz que traerá hará que todo el mundo viva en armonía –incluso los antagónicos– (segundo domingo), que anunciará la alegría del Señor que viene y nos salvará (tercer domingo) y que la señal que Dios dará a estas promesas es que “la virgen dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, es decir, Dios-con-nosotros” (cuarto domingo).

Las segundas lecturas de este ciclo –a excepción del tercer domingo, que es la carta de Santiago– son de san Pablo a los romanos. En todas ellas ambos apóstoles hacen una llamada a la vigilancia y a la paciencia, ya que la salvación está cerca y por tanto, hay que revestirse de Cristo (primer y segundo domingos); la llamada a la paciencia porque el Señor ya está cerca (tercer domingo) y finalmente se nos presenta que Jesús nace del linaje humano, de David (cuarto domingo).

Finalmente, en los evangelios, contemplamos por boca de Mateo la llamada a estar atentos, despiertos y preparados porque la venida del Señor se acerca (primer domingo); la llamada a la conversión por boca de Juan Bautista, para así preparar los caminos del Señor (segundo domingo); en el tercer domingo Jesús hace un gran elogio de Juan y en el cuarto contemplamos el sueño de José en el que el ángel le anuncia el nacimiento de Jesús del sí virginal de María.

Ciclo B

Les primeras lecturas de este ciclo son de Isaías, a excepción del cuarto domingo, que es del segundo libro de Samuel. En las lecturas de Isaías encontramos grandes cánticos poéticos basados en la petición al Señor que venga a nosotros para salvarnos, aunque nuestra realidad de pecado (primer domingo); la petición de consuelo que pedimos a Dios, que viene y nos reúne como las ovejas alrededor del pastor y se nos pide preparar los caminos del Señor (segundo domingo); la alegría desbordante después de enumerar el proyecto de Dios para su pueblo, basado en el anuncio de la Buena Nueva a los que sufren, curar los corazones doloridos, proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos el retorno de la luz y proclamar el año de gracia del Señor (tercer domingo). En el cuarto domingo, la segunda lectura de Samuel nos habla de David, al cual Dios le promete que su dinastía será perpetua.

En las segundas lecturas, en el primer y segundo domingos san Pablo (primera carta a los corintios) y san Pedro (segunda carta) –respectivamente– nos hacen una llamada a la espera de la manifestación de Jesucristo y a la espera de un cielo nuevo y de una tierra nueva, que no sabemos cuándo vendrán. En el tercer domingo san Pablo (primera carta a los tesalonicenses) hace una llamada a la alegría mientras esperamos la venida del Señor y en el cuarto domingo también san Pablo (a los romanos) anuncia que el misterio, que ha estado escondido durante siglos, se ha manifestado.

Finalmente, en los evangelios, contemplamos la llamada a estar atentos a la venida del Señor, ya que no sabemos cuándo vendrá (primer domingo); la llamada de Juan a allanar los caminos del Señor (segundo domingo); el anuncio de Juan que él no es el Mesías ni es la luz, sino un testimonio de la luz y que él ha sido enviado para preparar el camino del Mesías (tercer domingo). En el cuarto domingo contemplamos por boca de Lucas el anuncio del ángel Gabriel a María que concebirá el Salvador del mundo.

Ciclo C

En este ciclo no leemos ninguna lectura del profeta Isaías, sino que contemplamos a cuatro personajes distintos: Jeremías, Baruc, Sofonías y Miqueas. En el primer domingo, Jeremías hace una llamada a la confianza, ya que el Señor hará germinar del linaje de David un retoño que nos traerá la salvación, la paz y la justicia. En el segundo domingo, Baruc anuncia el retorno de los desterrados a Sión y pide al pueblo que se quite los vestidos de duelo y se ponga los de fiesta porque regresan a la patria esperada. En el tercer domingo, Sofonías invita al pueblo a la alegría, ya que el Señor ya ha cancelado la deuda y quiere ser nuestro rey y estar en medio de nosotros. Y en el cuarto domingo, Miqueas anuncia que de Belén saldrá el Mesías, la cabeza de la casa de Israel, que pastoreará con la fuerza del Señor y a la vez anuncia el nacimiento, a partir de una virgen, de un hijo que será grande por toda la tierra y que será nuestra paz.

Por lo que se refiere a las segundas lecturas, en el primer domingo san Pablo, en su primera carta a los tesalonicenses les pide que continúen en el camino recto para que el Señor los encuentre santos e irreprensibles. En el segundo domingo, san Pablo escribe a los filipenses con los mismos sentimientos que en el domingo anterior, es decir, que sigan actuando ejemplarmente para que Dios los encuentre santos e irreprensibles. En el tercer domingo volvemos a ver la carta a los filipenses en que, en esta ocasión, san Pablo les hace una llamada a estar alegres porque el Señor ya está cerca. Finalmente, en el cuarto domingo leemos la carta a los Hebreos, en que contemplamos la actitud del Hijo de Dios en el mismo momento de su encarnación: “Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad”, que será cumplida en la su entrega en la cruz.

En los evangelios de este ciclo contemplamos un discurso de Jesús anunciando fenómenos cósmicos que precederán el fin del mundo y a la vez, hace una llamada a levantar la cabeza bien alto porque es en este momento en que seremos liberados (primer domingo); contemplamos también la figura de Juan Bautista a partir de les referencias que hace de él el libro de Isaías (segundo domingo); también vemos cómo Juan Bautista exhorta a la gente a prepararse para la venida del Mesías con un programa exigente (tercer domingo) y finalmente contemplamos la visita de María a la su parienta Isabel (cuarto domingo).

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